jueves, 4 de junio de 2015

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EL PAIS › LAS AGRUPACIONES DE UNIDOS Y ORGANIZADOS MARCHARON A TRIBUNALES
“Ellos deciden a contramano”

Por Laura Vales
Después de participar de la concentración en la Plaza del Congreso, una parte importante de los manifestantes, con una presencia mayoritaria de militantes de las fuerzas del espacio kirchnerista Unidos y Organizados, y en particular de la agrupación La Cámpora, marcharon hasta los Tribunales para reclamar “al Poder que está decidiendo a contramano de los avances en materia legislativa”.

“En los últimos años, la Justicia ha sido el órgano del poder que puso mayores obstáculos a que las mujeres llevemos una vida libre de violencia. El Congreso sancionó leyes, el Ejecutivo implementó políticas públicas, pero los jueces no están a la altura de estos cambios”, explicó sobre las razones de la movilización Emelina Alonso, de Mujeres de Nuevo Encuentro.

La plaza Lavalle recibió a la multitud de manifestantes en semipenumbras. Sólo unas pocas luces del alumbrado público estaban encendidas, y la sede de los tribunales vallada. Mientras la gente cantaba “Los jueces dónde están”, un grupo consiguió saltar las rejas y puso al tope de las escalinatas de Palacio de Tribunales una pancarta de “Ni una menos”.

La convocatoria había sido lanzada desde las agrupaciones kirchneristas de Unidos y Organizados. La Cámpora, Nuevo Encuentro, Octubres, Descamisados, la JP 26 de Julio, Mujeres Socialistas para la Victoria, fueron algunas de las que llevaron sus banderas frente a la sede de la Corte Suprema de Justicia. Otros se sumaron sueltos y a último momento, o con agrupaciones que no tenían planeado ir pero en la Plaza del Congreso adhirieron a la idea de reclamar al Poder Judicial.

Roxana Narváez era una de ellos. Había ido acompañada por sus dos hijas, de 11 y 18 años. “Me pareció una causa justa. Mi prima está peleando hace dos años contra la violencia de su ex pareja, y la Justicia no lo frena. La amenazó con quemarla con ácido, le rompió un auto, se le apareció en su lugar de trabajo. Ella lo denuncia, pero en concreto la policía no lo para”, explicó.

Con una remera de La Cámpora, Patricia Danishewsky y una amiga comentaban la movilización sobre el asfalto de Talcahuano. “Mucha gente que hoy salió a la calle a reclamar contra los femicidios no sabe que existe una ley que se sancionó por impulso del Gobierno”, apuntó. “Al Poder Judicial y a la policía hay que marcarles que hay protocolos que no se cumplen. Por ejemplo, tienen que levantar las restricciones horarias para hacer una denuncia, y promocionar la línea 144, un número gratuito de atención a las víctimas.”

Para Julieta Costa Díaz, comunera de Mujeres Socialistas para la Victoria, la figura de femicidio es ignorada por la mayoría de los jueces, que todavía apelan a la idea del crimen pasional. “Incorporar la figura de femicidio a la legislación llevó años de lucha, y ahora son los jueces los que tienen que actuar para que el hombre que golpea y mata a una mujer reciba la condena que corresponde.” Su compañera Julia Sequeira completó el razonamiento: “No hay casos ejemplificadores, ni protocolos para actuar, y las mujeres suelen ser revictimizadas al denunciar al agresor. Es decir que existe una voluntad política de avanzar, pero otros poderes replican modelos culturales de hace muchos años”.

No hubo discursos ni fue leído un documento, solamente cantos y una presencia sostenida. Una chica voceó los nombres de algunas de las mujeres asesinadas por violencia de género y los manifestantes las fueron homenajeando con un “Presente”. La enorme mayoría de los que estuvieron en la Plaza Lavalle eran menores de 30. “Estábamos en el Congreso, la gente empezó a decir ‘vamos a Tribunales’ y nos pareció que tendríamos que haber venido de una acá”, señaló Ariel Correa, de 24 años, de la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos. Sofía de Lizarralde, de 19, se había puesto una camiseta con el slogan “orgullosamente rubia”. “Vine por todas las chicas que tienen miedo”, señaló.

Se desconcentraron sin apuro, después de cantar el himno. Ya eran más de las ocho de la noche y toda la zona, desde Lavalle hasta la Avenida de Mayo, era todavía un hormiguero de chicas y chicos cargando pancartas enrolladas y carteles bajo el brazo.

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